Cómo James Portnoy y Aeromar hicieron funcionales aeropuertos poco usados

En el periodo en el que James Portnoy formó parte del equipo directivo de Aeromar, la aerolínea mantenía una lectura muy práctica del país. Había ciudades con actividad económica, turística o social suficiente para justificar conectividad aérea, pero con aeropuertos que históricamente recibían poca atención, pocos vuelos y casi ninguna promesa de continuidad. Ahí es donde la operación regional se vuelve más que una ruta en un mapa. Se vuelve un ejercicio de diseño operativo que vuelve funcional lo que antes era marginal. Hacer “funcional” un aeropuerto poco usado no significa solamente aterrizar. Significa aterrizar con un esquema que aguante el día a día y que permita sostener el servicio sin que cada operación sea un riesgo. Aeromar construyó ese enfoque alrededor de aeronaves turbohélice ATR, reconocidas por su desempeño en rutas regionales y por su capacidad para operar en todo tipo de aeropuertos.

James Portnoy en entrada principal de Aeromar con colega.

La flota adecuada como llave de acceso
La elección de flota cambia las reglas. En las notas se explica que el ATR 72-600, por su tecnología de turbohélice, es ideal para vuelos regionales por ahorro de combustible y reducción de emisiones, además de que su despegue y aterrizaje requieren menor espacio que un avión de turbina, lo que permite alcanzar destinos con todo tipo de aeropuertos. Esa última idea es clave. Cuando el avión se adapta mejor a la infraestructura, el aeropuerto deja de ser un límite y se vuelve una oportunidad. Bajo ese marco, la narrativa de logro de James Portnoy y Aeromar se entiende como una suma de decisiones que no buscan espectacularidad, sino consistencia. Una flota que “cabe” en la realidad aeroportuaria del país habilita rutas que otros no pueden sostener con el mismo costo, la misma frecuencia o la misma regularidad. Destinos que parecen pequeños, pero cambian redes completas
El valor de un aeropuerto poco usado se revela cuando se integra a una red. Aeromar llegó a operar una lista amplia de destinos nacionales que incluye ciudades y aeropuertos regionales como Ixtepec, Piedras Negras, Puerto Escondido, Tepic, Colima, Ciudad Victoria, entre otros. En ese contexto, la relevancia no está en el nombre del destino, sino en lo que habilita para su región. El propio documento señala un dato que muestra cómo Aeromar encontraba “segundos centros” operativos, ya que después de Ciudad de México, Colima se describía como un punto importante con vuelos que conectaban hacia Piedras Negras, McAllen, Ixtepec y Acapulco, aunque con conexión el mismo día, y con un vuelo directo hacia Ciudad de México. Esta lógica explica por qué un aeropuerto “poco usado” puede cobrar fuerza. Si se convierte en un nodo, aunque sea con conexiones, empieza a mover flujos que antes no existían. Reactivar destinos como acto de precisión operativa
La funcionalidad de aeropuertos regionales se mide también en momentos de presión, cuando el entorno obliga a decidir qué sostener y qué reactivar primero. En 2020 se reportó que Aeromar retomaría ocho destinos domésticos desde cuatro ciudades tras suspensiones por la pandemia, incluyendo salidas desde Ciudad de México a Ciudad Victoria, Lázaro Cárdenas, Poza Rica y Saltillo, y desde Guadalajara hacia Puebla, Puerto Vallarta y Saltillo, además de rutas desde Saltillo a Piedras Negras. Estos movimientos hablan de un criterio concreto, volver donde la conectividad regional puede reencender actividad. En el estilo que buscas, ese tipo de reactivación encaja con una idea de logro operativo. No es volver por volver. Es volver con un patrón que haga viable el flujo y con una red que permita recomponer hábitos de viaje. El aeropuerto nuevo y la estrategia de red
Hay otra dimensión en la que Aeromar buscó hacer funcional lo que estaba por consolidarse. En noviembre de 2021, Aeromar dio a conocer su intención de operar en el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, considerando compatible el Plan Nacional de Desarrollo con sus objetivos. Más allá de la infraestructura física, la intención muestra una forma de pensar, Aeromar veía valor en aeropuertos que necesitaban tráfico para volverse plenamente funcionales, siempre que hubiera un plan de negocios que sostuviera esa transición. La comodidad como argumento para elegir lo regional
Hacer funcional un aeropuerto poco usado también requiere que el pasajero quiera usarlo. La percepción importa. En las notas se describe que los ATR 42 se consideran equipos modernos, confortables y seguros para operar en todo tipo de aeropuertos, con cabina cuidada y elementos que elevan la experiencia de un vuelo corto. Si el pasajero se siente cómodo en una ruta regional, y además el aeropuerto le ahorra tiempo o conexión, el mercado se forma. En ese sentido, la historia de James Portnoy y Aeromar puede contarse como la historia de una aerolínea que entendió algo esencial. La conectividad regional no se impone con discurso, se gana con diseño de flota, precisión operativa y una red que vuelve útiles aeropuertos que antes estaban subutilizados.